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Prevenir mejor que curar, también cuando esquías

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Al contrario de lo que muchos piensan invierno es buena época para practicar deportes, por lo menos los deportes de invierno. Ahora bien, aunque esquiar parezca fácil no lo es y cada año los médicos han de atender numerosas lesiones relacionadas con este deporte, y no sólo hablamos de lesiones traumatológicas. 

Según José Santos, secretario del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid, los deportes de invierno son muy exigentes en cuanto a preparación física, por eso aconseja “iniciar una actividad regular previa a la temporada de esquí para fortalecer los miembros inferiores y los grupos musculares de la espalda, como natación, bicicleta, o asistir a un gimnasio”. Además, recomienda una vez en la montaña, dedicar entre 15 y 20 minutos, antes de comenzar el ejercicio, a calentar los distintos grupos musculares y las articulaciones e iniciar la actividad de manera progresiva.

Además, hay que recomendar a las personas que practiquen deportes de invierno como esquí o snowboard abandonar la actividad en cuanto aparezcan los primeros síntomas de fatiga, ya que el cansancio es el principal factor de riesgo para sufrir lesiones en este tipo de actividades.

Ropa adecuada

“También hay que poner especial atención en la vestimenta”, asegura Santos. “Es un error frecuente pensar que debemos utilizar mucha ropa y muy gruesa para mantener el calor. Para esquiar es muy importante no pasar frío, pero tampoco calor, por eso se recomienda vestirse con 3 capas: una pegada al cuerpo de tejido transpirable, una segunda de tejido técnico que estabilice la temperatura y, por último, una chaqueta que aísle del aire y la nieve, y que impida que se pierda el calor corporal.

Asimismo, recuerdan la importancia de llevar durante el ejercicio algún tipo de alimento reconstituyente, como las barritas energéticas, y de beber como mínimo medio litro de agua u otros líquidos durante las dos horas previas a la actividad, evitando el alcohol, por poco que sea, pues incrementa el riesgo de hipotermia.

Por otra parte, invitan a aquellas personas que van a practicar este deporte por primera vez, a asistir a una primera clase de iniciación impartida por un monitor especializado. Así, podrán aprender a utilizar el equipo de forma adecuada y conocerán técnicas básicas para reducir el riesgo de lesión, como por ejemplo, caer de forma correcta. En este sentido, el Colegio, alerta de que el 55 % de las lesiones de esquí se producen en los primeros 7 días de aprendizaje, y contar con estos conocimientos básicos reduce hasta un 80% el riesgo de padecer lesiones en el aparato locomotor.

Además, la institución recomienda contar con la supervisión de un experto para que revise las botas y las fijaciones. “Tenemos datos que demuestran que por ejemplo, el 56% de los esguinces de rodilla se deben al uso incorrecto del equipamiento”, informa Santos.

Por otra parte, Santos recuerda “a la gente ya iniciada, y cuyo mayor riesgo es “confiarse” por tener ya cierta experiencia, la importancia de no ir solo, e informar siempre a alguien de la zona en la que se va a esquiar”. Además, insiste en que “se debe de abandonar la actividad en cuanto aparezca entumecimiento u hormigueo en las manos o los pies, ya que son los primeros síntomas de hipotermia”.

Fortalecer las piernas evita lesiones en el esquí

Según la fundación CEMTRO el fortalecimiento de la musculatura de las piernas puede evitar las lesiones provocadas por los deportes de nieve, que se producen con más frecuencia en personas que no practican deporte de manera habitual. Por eso han divulgado algunas recomendaciones que los deportistas deben seguir.

  • Potenciar la musculatura de los miembros inferiores: cuádriceps, isquiotibiales y gemelos
  • Mejorar la respuesta cardio-respiratoria con bicicleta, jogging o natación
  • Mejorar la flexibilidad con los estiramientos
  • Evitar la toma de sustancias que alteren la percepción y la coordinación
  • No llevar una fijación muy fuerte de la bota a los esquíes para evitar que durante la caída los esquíes queden sujetos y hagan girar las rodillas
  • Si se produce una caída y se nota incapacidad para mover alguna articulación, lo mejor es permanecer quieto a la espera de la llegada de los servicios de emergencias
  • Utilizar casco de seguridad
  • Utilizar gafas y cremas para protegerse frente al sol

 Muchos accidentes podrían evitarse si se fortalecieran antes los los cuádriceps, los isquiotibiales y los gemelos, se mejora la capacidad cardiaca y pulmonar practicando otros deportes como montar en bici, jogging, natación, y también si se consigue mayor flexibilidad con los estiramientos

El equipo utilizado para practicar este tipo de actividades también es importante y su mala colocación o uso puede ocasionar problemas: “llevar una fijación muy fuerte de las botas a los esquíes puede provocar que, durante la caída, éstos no se separen de las fijaciones y hagan girar las rodillas, que es donde se producen la mayor parte de las lesiones”, apunta el doctor Pedro Guillén, director de la Fundación Cemtro, en declaraciones al web www.noticiasmedicas.es.

Problemas oculares

Aproximadamente un 20% de las personas que practican actividades en la nieve sufren de oftalmia. Se le conoce como ceguera de la nieve, aunque no se pierda la visión. Se trata de una inflamación de la conjuntiva del ojo (la membrana mucosa que cubre el blanco del ojo y la parte interior de los párpados) y de la córnea, que se debe a la exposición a la radiación ultravioleta.  

En el caso de la nieve, se presenta como una queratoconjuntivitis. Se trata de una patología que afecta a las personas que practican el esquí, el alpinismo y demás deportes de nieve sin la debida protección ocular. Según el presidente del Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas, Juan Carlos Martínez Moral, “los síntomas de la oftalmia de la nieve se perciben entre 4 y 6 horas después de haber realizado las actividades en el exterior.”   

Los síntomas característicos son:  

  • Lagrimeo excesivo.
  • Enrojecimiento.
  • Inflamación de los párpados.
  • Fotosensibilidad.
  • Dolor de cabeza.
  • Sensación de cuerpo extraño.
  • Visión borrosa.

Martínez Moral insiste en que “lo importante siempre en estos casos es la prevención, para lo cual resulta imprescindible protegerse de la radiación ultravioleta utilizando gafas oscuras con filtro UV que cubran el ojo por completo”. 

Hay que tener especial cuidado en la montaña con las radiaciones solares, porque en altitudes elevadas la capacidad de protección de la atmósfera es mucho menor que en las zonas bajas. Se estima que por cada 1.000 metros de altura, el efecto dañino de la radiación solar sobre los ojos aumenta un 15%. 

La nieve refleja el 80% de los rayos ultravioletas, por lo que la sobreexposición ocular a esta luz puede producir la denominada oftalmia de la nieve o queratoconjuntivitis solar, lesiones en el cristalino (cataratas) y en la retina (maculopatías), cuya gravedad dependerá de la dosis de radiación ultravioleta acumulada a lo largo de la vida, al igual que ocurre con el cáncer de piel. 

Sequedad ocular Pero el sol no es la única amenaza. Aunque muchas personas piensan que el invierno es la estación más húmeda del año por la mayor presencia de lluvia y nieve, hay jornadas en las que el aire puede llegar a ser muy seco. Ese ambiente frío y seco puede irritar los ojos, incluso en los climas más templados, algo que deben tener especialmente en cuenta los usuarios de lentes de contacto.  

Si el ambiente resulta poco agradable en el exterior, las calefacciones también suponen un problema en interiores, ya que tienden a disminuir la humedad del aire. La sequedad o irritación ocular es el problema ocular más común en el invierno, que se traduce en una sensación de quemazón o picor o de que un cuerpo extraño ha entrado en el ojo. Y más aún en aquellas personas que padecen el denominado síndrome de ojo seco, cuyos síntomas incluyen dolor, visión borrosa, enrojecimiento o, incluso, lagrimeo excesivo, mecanismo con el que los ojos compensan esa falta de humedad. El ojo seco puede darse a cualquier edad, pero es más común en las personas maduras, especialmente en mujeres que han superado la menopausia.  

Para la mayoría de las personas, la sequedad ocular es simplemente una molestia, pero, en los casos graves, aumentan nuestra vulnerabilidad frente a infecciones corneales, que pueden afectar a la visión de manera permanente.  

Si utilizas lentes de contacto Las personas que utilizan lentes de contacto tienen más probabilidades de padecer sequedad ocular en invierno. Las lentes de contacto son como esponjas: cuando empiezan a secarse, pueden perder su forma y adherirse al globo ocular, lo que causa incomodidad y visión borrosa. Por eso es tan importante garantizar una correcta lubricación de los ojos.

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