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Psicología

Discusiones en la pareja ¿Cómo les afecta a nuestros hijos?

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Según el psicólogo Watzlawick (1971) es imposible no comunicar, ya que todo comportamiento es una forma de comunicación. Con la pareja nos comunicamos constantemente, por lo tanto, si se generan conflictos no son por falta de comunicación sino más bien por la presencia de dificultades en este proceso comunicativo. Cuando aparece dicho fracaso comunicacional en una pareja, el primer paso que se puede dar, con el objetivo de solucionarlo, es asumir la responsabilidad compartida de que la existencia del conflicto es cuestión de los dos.

A partir de aquí, resulta conveniente establecer un diálogo asertivo con la otra persona, en el cual no se ignoren las propias necesidades ni las suyas y no obligando a aceptar las posiciones individuales sino abriendo la comunicación hacia un espacio de inquietudes compartidas. Además, clarificar el proyecto de vida conjunto puede ayudar a la pareja a reforzar su vínculo, es decir, identificar las posibles áreas de acuerdo y desacuerdo así como las aspiraciones comunes.

Este esfuerzo de la pareja para mejorar en la comunicación y entendimiento, y por lo tanto en su propio bienestar, influirá en gran medida en el clima familiar.

Los niños están en una etapa de aprendizaje fundamental en todas las áreas de desarrollo y tienen a sus padres como principales modelos de comportamiento, de interacción con las demás personas, de gestión de las emociones, en definitiva, un modelo de funcionamiento en el día a día y en el ambiente que le rodea. Además, se encuentran en una situación de gran dependencia de sus padres, y necesitan un clima familiar estable, con normas justas y coherentes donde predomine el amor y paciencia. Es decir, si los padres tienen una buena relación de pareja, hay una buena comunicación y complicidad, comparten proyectos de futuro, se quieren y son felices, se transmitirán a los niños unos sentimientos positivos acerca de la vida y de las relaciones humanas.

Diversos estudios han encontrado que la exposición de los hijos a frecuentes discusiones, ofensas y agresividad entre los padres puede generar emociones negativas en los pequeños espectadores y alteraciones en su salud y bienestar. Además, la forma de resolución de estos conflictos que muestran los padres delante de los hijos marcará un modelo a seguir. Si el niño observa agresividad en alguno de los padres y permisividad en el otro miembro de la pareja, y la resolución a estos conflictos es poco constructiva, aumenta la probabilidad de que él muestre comportamientos desajustados.

En muchos casos, acudir a una terapia familiar es una buena alternativa, puesto que se trabajan con todos los miembros de la familia que participan en dichos conflictos. El objetivo principal es conseguir que entre las diferentes personas se abra el canal comunicativo para que puedan expresar sus sentimientos, pensamientos y emociones en un espacio facilitador dónde los miembros puedan ir descubriendo las necesidades del otro.

Encarna Expósito y Fina Ferrer

Vidal & Espejo psicólogas.

Colaboradoras APOL- Fundación Eduardo Punset.

T. 616 819 625 – 646 256 311

www.vidalespejo.com

 

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